✍🏼Para vosotros, adolescentes:
Os han repetido muchas veces que todo está en vuestras manos.
Que si no llegáis, es porque no queréis lo suficiente.
Que si caéis, es porque no os esforzasteis.
Y esa frase, que suena a empoderamiento, es en realidad una trampa elegante.
No todo depende de vosotros.
No todo está bajo control.
Y no reconocerlo no os hace fuertes: os hace culpables de cosas que no os pertenecen.
Hay días en los que el mundo pesa más que uno mismo.
Días en los que el cuerpo va más lento que las expectativas.
Días en los que la vida se desordena sin pedir permiso.
Y no, eso no es un fallo personal: es la vida haciendo de vida.
Deciros que todo depende de vosotros es olvidar el contexto,
el lugar donde nacisteis,
las mochilas que os dieron sin preguntaros,
las heridas heredadas,
los silencios de los adultos,
las prisas de un sistema que no espera a nadie.
Claro que tenéis responsabilidad.
Pero no sois omnipotentes.
Y confundir una cosa con la otra hace mucho daño.
La verdadera madurez no es poder con todo,
sino saber cuándo algo no depende de ti
y aun así seguir siendo digno, valioso, suficiente.
No estáis rotos por cansaros.
No sois débiles por dudar.
No fracasáis por necesitar ayuda.
La gran mentira no es que todo dependa de vosotros.
La gran mentira es que, si no podéis con todo,
el problema sois vosotros.
Y no.
Nunca lo fuisteis.
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