El cuerpo duele lo que no se atiende

Hoy es el día Mundial de la Fibromialgia.
Y yo me cago en ella.
🍳Cada mañana, con el cuerpo aún por estrenar y el alma medio arrugada, le preparo a mi hijo una tortilla francesa de jamón.
No he dejado de hacérsela ni un solo día.
Ni en los buenos, ni en los regulares, ni en los días que no merecen ese nombre.
Ni siquiera en los días en los que me siento pagando una hipoteca de cansancio eterno, sin posibilidad de cancelación anticipada.
Porque llega sin avisar y sin irse.
Porque ocupa un espacio que no le diste, y sin embargo, ahí está.
Porque convierte el descanso en una utopía, la energía en una leyenda urbana, el dolor en compañero diario.
Dicen que hay que aceptarlo.
Pero aceptar no es rendirse.
La resignación es un susurro que se arrastra. La aceptación, en cambio, es un rugido quieto: estoy aquí, aunque duela.
He aprendido a convivir con esto sin hacerme pequeña.
El dolor no es mi amigo, pero ya no me da órdenes.
Lo escucho si insiste, lo ignoro si puedo, lo enfrento si hace falta.
Y sigo.
La sociedad, mientras tanto, te exige que sigas funcionando.
Que seas eficaz, amable, puntual, productiva.
Que no se te note nada.
Pero yo tengo un motor más fuerte que esta enfermedad:
el amor por mi hijo.
Ese amor es mi energía de reserva, mi centro de gravedad, mi impulso.
Y esa tortilla de jamón, sencilla y cálida, es mi forma diaria de decirle:
aquí estoy, sigo aquí, contigo.

Autora: Elena Delgado Just

✍🏼Cuando todo depende de ti, incluso cuando el cuerpo grita que pares, esa no es una opción que la sociedad contemple. La exigencia continúa, el ritmo no afloja y el silencio se vuelve una forma de adaptación. Durante años callé desde ahí.

En "Tú y tu adolescencia" intenté poner palabras a todo aquello que, en mi opinión, podría prevenir sufrimientos futuros, abordando los temas verdaderamente vitales en la vida emocional y psicológica de los adolescentes. El Ministerio de Sanidad y Educación me escribió amablemente una carta de reconocimiento y agradecimiento pero lamentando que no se trataba de un asunto de interés general. Lo acepté. Nunca he escrito para vender; escribo para divulgar.
Pero hay pérdidas que no se recuperan. Hay daños que no admiten reparación tardía. Y hay cicatrices del alma que duelen todos los días. Por eso, este segundo ensayo nace desde otro lugar. No más amable. No más dulce. Más crítico. Más irreductible. Tal vez con algo de furia, no como desahogo, sino como forma de claridad.

Empiezo a llamar a este lugar Regeneración. No como título cerrado, sino como necesidad. Estoy empezando. Escribo más despacio. Hablo menos. Priorizar lo importante, a veces, ya es suficiente. A quienes me acompañan, les pido paciencia también con mis silencios.
No quiero que ningún adolescente vuelva a pasar por lo que no supimos nombrar a tiempo. Porque cuando el daño se cronifica, el cuerpo habla por lo que nadie quiso escuchar antes.
Y dejo esto aquí, sin cerrar del todo. Porque cada palabra que empuja, aunque no cure, sostiene. Y a veces, sostener ya es una forma de empezar.🎒

Autora: Elena Delgado Just

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