👉🏼Hay días en los que hablamos con nuestros hijos y sentimos que nos contestan con un idioma que no entendemos: un sí, un no, un bien, un mal. Monosílabos que parecen piedras en el camino. Uno se queda con la sensación de que no hay nada detrás. Pero lo hay. Siempre lo hay.
📢Detrás de ese “bien” dicho de pasada, como quien apaga la luz al salir de una habitación, puede esconderse una tristeza, una alegría, un miedo, un mundo entero. Lo difícil es que ellos no siempre saben nombrarlo. Y quizá, si somos sinceros, nosotros tampoco.
➡️La conversación que necesitan nuestros hijos no es un interrogatorio, ni una charla magistral. Es un puente invisible, como esos que Sócrates tendía a base de preguntas sencillas, de silencios, de repetir lo que el otro acababa de decir, para que de pronto lo escuchara como si fuera la primera vez. A veces basta con devolverles sus palabras, y entonces se reconocen en ellas. O se sorprenden. O descubren que dentro de ese “nada” había demasiado.
🔝La escucha activa no tiene nada de místico. Es estar. Estar sin mirar el móvil, sin pensar en la cena, sin mirar el reloj. Estar con más silencios que frases hechas. Con más presencia que presencia cotidiana. Porque hay una gran diferencia entre estar y estar estando.
❤️El día que uno se sienta de verdad a escuchar lo que hay detrás de los monosílabos, descubre que esa es la conversación que ellos llevan tiempo pidiéndonos sin decirlo. La conversación que necesitan. La única capaz de poner nombre a lo innombrado.🤜🏼🤛🏼
Crea tu propia página web con Webador